domingo, 11 de enero de 2009
El día que te conocío marcaría el principio de su historia. Cuando era una niña aún tuvo la osadía de idealizar a su tipo perfecto, un hombre de facciones masculinas, toscas mas bien, moreno como su padre, no tan alto que fuera incómodo besarlo ni estar entre sus brazos, pero lo suficiente como para tener porte; en general prefería que fueran de complexión mediana tirándole a gruesa. Lo que más pedía a sus sueños era que le permitiesen conocer aunque fuera ahí al hombre de los ojos seductores y la sonrisa perfecta. Lo suficientemente sensato para darle su apoyo pero que a la vez fuera tan coqueto y juguetón como ella, que supiera reír y bromear, que le encantara la sonrisa de ella y la provocara, que la respetara y a la vez tuviera el atrevimiento para voltear de cuando en cuando a echar un vistazo disimulado a su trasero, ¿dije eso en voz alta?, bueno ella no lo pidió, en realidad fui yo, quien narra esta historia.

Yo me la encontré un día mientras jugabamos en el jardín, desde entonces fuimos las mejores amigas, claro que como todas las amigas teníamos nuestras diferencias y ella siempre se tomaba mi ración de leche de chocolate, eso me molestaba, pero ella siempre sonreía. Un día, muchos años mas tarde esa sonrisa se apagó, no se cómo ni cuándo ni por qué, pero un día la princesa del cuento despertó triste, y por más que hice saltos y malabares para que sonriera eso no pasaba, lo que si pasaba eran los años, y años duró ella sin sonreír. Afortunadamente un hada que conoció la entretenía, platicaba con ella y le daba sabios consejos, el hada la visitaba cada semana, escuchaba a la princesa, le enseñaba palabras bonitas y le explicaba como volar, ciertamente la princesa nunca aprendió a volar, pero se imaginaba a si misma volando al lado de su hada, recorriendo los campos y los bosques, observando el mundo desde arriba, disfrutando del esplendor del sol y dejándose acariciar por las nubes que tocaba.

La princesa vivía encerrada en su torre del castillo, el rey, quien la protegía demasiado creía que cuando la princesa estuviera lista para salir de su torre sería el momento en que tendría que salir, no antes, y la comprendía y la apoyaba, la reina muchas veces no veía con agrado que el rey fuera tan condescendiente con su caprichosa hija, así que trataba de equilibrar la balanza, ignorando a la princesita.

Ella vivía con el corazón triste, no sabía por qué, simplemente así era. A mí, que soy su mejor amiga, de hecho la única que tiene realmente, nunca me lo dijo. Se sentaba por horas frente al balcón de su torre, viendo pasar el día, desde el despunte del sol, hasta la caída de este; viendo los árboles mecerse y a los peces acercarse a la orilla del río; viendo sin parar los movimientos de la luna y adivinando el juego de destellos de las estrellas, siempre sin sonreír.

Por esos tiempos, había guerra, la guerra más feroz que se vivió en ese país remoto, principes, caballeros y lacayos desfilaban constantemente a los pies del castillo. Mientras platicabamos ella los observaba en su ir y venir por esas tierras hasta antes de la guerra, de ensueño. Siempre hacía lo mismo y se preguntaba si entre ellos algún día encontraría a su principe de chocolate, diría azul, o encantador, pero ella era amante del chocolate, así que va más de acuerdo.

He de reconocerle a esa hada la maravilla que logró al sacarla de su rincón, con paciencia y ternura la convenció de salir al jardín, de pasear por los prados, de aventurarse en lo que hasta entonces para ella era desconocido, no sabría decirte si el rey y la reina se dieron cuenta alguna vez de las travesías de la princesa por el mundo exterior, porque a partir de entonces ellos ya no figurarán en el relato que te estoy haciendo, lo que si se, es que cuando yo la ví regresar me solté a llorar de la emoción, la princesa venía hacia mí, platicando con su hada mágica y sonriendo por primera vez en mucho tiempo.

Yo me alegré mucho y me uní a las dos alegres figurillas, al poco tiempo bailabamos, cantabamos, reíamos, jugábamos. Todo era maravillosamente diferente, y entonces lo vio. Si, pensé que sería el principio del fin, una sabe cuando y como pasan esas cosas, las que son como yo detectamos esas cosas a distancia, las olemos, las presentimos, las soñamos con anticipación, y tuve miedo. Mi princesa estaba volando, volando alto y esto que ocurría, encontrarlo la haría caer desde lo alto, un dolor punzante penetró mi corazón, más no podía detenerla, y tampoco debía hacerlo, sólo me mantuve de cerca viendo las cosas atentamente para consolarla cuando fuera necesario, malintencionadamente tal vez, porque no debía tampoco permitirme esos pensamientos, quizá también fue lo mejor porque así la dejaba a ella que actuara libremente.

Estuve a su lado cada vez que lo veía, así pasó el tiempo, la princesa viendolo pasar una y otra vez, escuchando sus risas y su voz a lo lejos, y el pasando a su lado viendola cada día un poco más con el rabillo del ojo, hasta que un día sus miradas se encontraron, él la notó y desde entonces cada vez que pasaba junto a ella le dedicaba una mirada, pero no una mirada cualquiera, yo lo vi, nadie me lo contó, sino "la mirada", alarmante situación de riesgo para mí, mi princesa empezaría a crear entonces sus propios castillos, pero en el aire, y eso la destrozaría tiempo después, lo sé porque yo si lo he vivido, no quería que mi princesa sufriera, no por favor, no quiero volver a ver esa carita triste, me decía.

Pero mi princesa tenía un camino por recorrer y yo no podía hacer más que seguirla en su camino, estar al lado de ella para cuando me necesitara, entre hada y yo debíamos darle fortaleza y confianza. La naturaleza ya la había crecido lo suficiente, pero ahora ella sola tenía que madurar. Un día él se acercó a ella, y conversaron, los dos se veían cómodos, se reían a carcajadas, cuando el se fue, ella parecía atrapada entre nubes, las mismas que la acariciaban en sus sueños, sus ojos brillaban como las estrellas que ella se dedicaba a contar por las noches y su cara irradiaba como el sol que ella atentamente seguía cada día, la princesa se había enamorado.

Así pasaron lunas, él iba y regresaba, pero siempre volvía a traerle una historia fascinante a los oídos de ella, él la mecía con su voz y la arrullaba con sus ojos y ella siempre quedaba en un letargo de atracción irresistible por él, soñaba con pasar sus dedos entre los rizos de él, cerraba los ojos y veía su sonrisa. Él, encantado por la belleza de la princesa volvía con un cuento cada vez más impresionante para ella, para ver la expresión de sus ojos, de respeto y admiración, si señor, ella lo admiraba. Jamás nunca mi pincesa sintió algo así antes. Entonces desde que despertaba su mirada brillaba, se levantaba contenta tarareando canciones alegres, todo entonces era rosa, ella esperaba hasta el atardecer el momento en que lo vería. Y cuando se encontraban, era entonces cuando la magia empezaba, yo veía los ojos de los dos, diciendose cosas sin pronunciar palabra, miradas chispeantes contagiosas, y todos reíamos cuando ellos estaban juntos. Platicaban por horas de ellos mismos, de sus planes y del universo mismo, el circulo estaba completo y las hojas del bosque se levantaban con el viento que mecía sus cabellos al mismo tiempo.

El entró en su vida así, como un ligero viento, una brisa de tipo marina, refrescante y cálida a la vez, suave como un susurro, relajante y gratificante como nadar por debajo del agua, todo lo demás era lo de menos, el mundo se volvía borroso y preferían no pensar en su existencia sino en la contemplación el uno del otro. Yo misma, que soy vieja como el mundo mismo, no había visto tal atracción más que entre la tierra y los árboles, querían estar juntos y lo estaban.

Posteriormente el ministro decidió que la princesita tendría que empezar a tomar clases para aprender del mundo, así que pronto empezaron sus actividades, mi princesa se entristeció porque prefería estar con él, y para su sorpresa, el destino tenía un plan para ellos, los dos tomarían clases al mismo tiempo, ahora estarían más tiempo juntos, mi princesa bailaba y gozaba en su interior, pues no es propio de una princesa demostrar esos sentimientos tan abiertamente. Así aumentó la convivencia entre ellos, ahora tenían más cosas de que platicar y el motivo perfecto para estar juntos y que nadie sospechara lo que sus corazones guardaban, un secreto hermoso contenido entre ellos, su hada y yo.

El rey cumpliría años y había invitado a todos los habitantes del reino, entre ellos estaba él, se encontraron en el gran salón del hermoso castillo y bailaron juntos, pocas fueron las personas que notaron o dieron importancia a la intención del baile entre ellos. Mi princesa estaba absorta en el baile que le parecía que sólo estaban ahi ellos dos, imaginaba que más bien el había organizado todo eso solo para ella, y ella se sentía flotar estando entre sus brazos, al ritmo de la melodía, sonreía recostada en su hombro agradeciendole internamente el regalarle ese baile fabuloso y sobre todo ese momento que habría de recordar por el resto de su vida con felicidad. Más tarde, él tomó la mano de la princesa y la llevó hasta su mesa, platicaron y rieron, se miraron y cada vez se sentían más atrapados el uno en el otro cuando de repente apareció el ministro a llevarse a su habitación a la princesa, ella quería pasar más tiempo con el, pero pensó que ya habría oportunidad más adelante, así que fue sin chistar a su habitación a sumergirse en su mundo de sueños y fantasías en donde ella y el estaban juntos y no había ministros molestos que les impidieran estar juntos, yo le acariciaba el cabello con ternura mientras ella dejaba volar su imaginación, y así pensando en esto, la princesa se quedo dormida, ésta sería la primera de tantas noches en que la princesa se arrullaría pensando en él.

Una noche en la que nos quedamos solos, el se despidió de la princesa con un beso, la princesita con sus ojos atónitos lo observó sin decir una palabra, y lo besó de regreso, entonces se abrazaron y sus corazones latían apresurados, los nervios los consumían así que no decían nada, por ùltimo se sonrieron y cada quien siguió su camino, mi princesa me platicó después la emoción que sentía, decía que era como comer toneladas del chocolate que tanto le gusta, como poder bailar descalza sobre la arena del mar. Ahora con mas ansias quería verlo, estar con el, tocarlo, volverlo a besar, tenerlo entre sus brazos como aquella primera vez.

Más soles y lunas pasaron. Él llegó y la tomó entre sus labios sin comentarios previos, tomándola por sorpresa pero siendo correspondido con los besos de ella, cuando terminaron la invitó a ver el cielo, ella pensaba que en toda su vida jamás tendría algo tan romántico y espontáneo como eso, así que accedió a ir con él, se quedaron dormidos contando estrellas, a la mañana siguiente los primeros rayos de sol iluminaron sus caras y entre dormidos y despiertos, el la beso de la manera más tierna que jamás había besado a nadie y ella recibió el beso más bello de su vida, todo era paz y felicidad entre mi pequeña y él.

Ahora la princesita se había enamorado de verdad, pasaba horas mirando al horizonte, caminaba por el jardín paseando solamente por sus
pensamientos, suspiraba, sus ojos se rasaban, sonreía, sentía mil cosas y nada a la vez. Los reyes pensaron que ella estaba enferma y la reprendieron por no cuidar su salud, entonces la princesita echó a correr y se fue a llorar al bosque, miraba flores y seguía llorando, lloraba y buscaba mas flores que ver, encontró una flor que por hermosa llamó su atención era un tulipan, jamás había visto la princesa este tipo de flor, le pareció encantadora, un hermoso tulipan rojo y lo cortó, entonces se animó un poco con su nueva flor, sin embargo sus ojos seguían soltando perlitas, entonces el la vió a lo lejos y se acercó a ella corriendo, al llegar observó las lágrimas de mi princesita y le preguntó que pasaba, ella ocultó lo que pasaba y empezó a sonreír con él, así se olvidó del mal rato que había pasado con los reyes, él le preguntaba sobre la flor y ella le dijo que era para él, y se lo obsequió, lo que mi princesita no sabía pero yo sí es que a lo largo de los años, cuando los novios o amantes deseaban mandar un mensaje, se enviaban flores que significaran las palabras que deseaban expresarle al ser amado, y si no mal estoy, el tulipan rojo es una sutil declaración de amor. Ella sostenía el tulipan en la mano cuando lo llamaron a él y se tuvo que ir, con la prisa, la princesita se quedó con la flor, y la acomodó en un lugar especial de su habitación, el hada con su magia hacia que el tulipan fuera perenne.

Un día el ministro aconsejó al rey sobre enviar a la princesa a otro país, así que sin más ni más empacaron las cosas de la princesita incluido el tulipan y la mandaron a otro país, ella se escapó en el camino y busco un mensajero para que entregara el tulipan a él, ella sabía en su corazón que no iba a volverlo a ver, así que dejó su amor en el interior de la flor cuando se lo envió y partió su camino, sabiendo que el pensaría en ella, y en algún momento, en algún lugar, ella siempre estaría presente en el corazón del caballero llenandolo de gozo con su recuerdo como ella lo haría.

Yo tampoco volví a ver a mi princesa, pero se que ella fue feliz, porque en algún momento de su vida conoció el amor, fugaz, pero verdadero.
Publicado por alinewhiskers @ 8:10 AM  | Cuentacuento
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